Laos, Camboya, Tailandia…..Y se acabó

Recuerdo perfectamente los días en que Bilintx y yo conversábamos con las gentes de Turquía y les explicábamos el camino que teníamos intención de seguir. Siempre repetíamos la misma secuencia, casi al unisono: TurquíaIránTurkmenistanUzbekistanKirguiztan-China-LaosCamboyaTailand . Y siempre que nos preguntaban por nuestra religióndejábamos clara nuestra única fe en las personas, poniendo nuestras manos en nuestro pecho, y a continuación en el de ellos, nos entendían. Aun así, acabamos cerrando siempre nuestra explicación del viaje y nuestra secuencia de países con un sincero InshaAllah, que indicaba nuestra esperanza en que esto sucediera, si tal era la voluntad de Ala. Ellos repetían sinceramente y mirando al cielo, – InshaAllah -.

Sea de quien sea la voluntad, y teniendo claro haberla puesto toda de mi parte, hoy, 5 de Noviembre de 2014, y después de casi ocho meses de pedaleo, escribo desde Bangkok la que posiblemente sea la última entrada de este blog. Un blog que ha intentado reflejar, de la manera más fiel posible, todo lo que hemos visto, vivido, y sentido, durante estos ocho meses de pedaleo. Evidentemente, es imposible reflejar todas las imágenes y sentimientos de un viaje de esta dimensión en un blog, pero hemos intentado ofreceros la esencia de lo que hemos percibido y sentido recorriendo en bici nuestra propia “Ruta de la Seda”. Espero que hayáis disfrutado leyendo, tanto como nosotros hemos disfrutado viviéndolo. : )

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Pedalear este ultimo mes por Laos y Camboya, hasta llegar a Bangkok (Tailandia), ha sido un gran punto y final a esta larga travesía por Asia. El calor y la humedad, propia de esta región del planeta, fueron sofocados desde el primer momento por la alegría que me llegó desde ambos lados de la carretera. Y es que, durante mi paso por tierras chinas, he echado mucho de menos el contacto y la cercanía de la gente. Nada se podrá comparar con el cariño y hospitalidad recibidos en todo Asia Central, con mención especial para Irán, pero Laos tiene una energía especial, diferente. Lo percibes en cuanto pasas la frontera de China, el trafico ya no es una locura, todo cobra un carácter mas autentico, mas salvaje, y los continuos saludos de los niños desde sus bicis o desde las cunetas – Sabaidee!!! – te recargan la batería.

Aunque si que es cierto que la gente mas adulta pasaba bastante de mi, parecían estar pasados de rosca con el extranjero, que no de su dinero. Todo lo contrario que en Camboya, donde noté mucha mas cercanía y alegría de todas sus gentes, sin excepción.

El norte de Laos me ofreció los últimos días de montaña de este viaje. Increíbles e inesperados paisajes en altura, rodando por encima de las brumas matinales, y con parada de descanso intermedia en la ciudad de los templos y los monjes, Luang Prabang. Una burbuja en el camino donde, de golpe y porrazo, me encontré totalmente rodeado de turismo “occidental”, el cual no tenia claro de donde había salido, y cafeterías al más puro estilo francés. He de reconocer que no pude evitar la tentación de las cafeterías pastelerías, saben lo que nos gusta, y mas aun cuando llevas meses sin probar una tarta de chocolate como Dios manda, lagrimones de felicidad.
El tema de los turistas occidentales lo comento porque se hace muy raro estar rodando durante meses, de un lugar a otro, convivir con la gente local sin ver ninguna señal de turismo, y de buenas a primeras encontrártelo de golpe. Acabas olvidando que existen otras formas de llegar a los sitios. Observas los aviones como auténticas máquinas del tiempo, y ves pasar, a toda velocidad, furgonetas blancas de pasajeros con los cristales totalmente reflectantes, auténticos frigoríficos sobre ruedas, desde cuyo interior, seguramente, te observan esos turistas que mas adelante te encontraras. Se hace raro, es un hecho.

Tras abandonar Luang Prabang y dejar atrás las increíbles montañas de Laos, la carretera baja totalmente enfilada hacia Camboiaacompañando al rió Mekong, y escoltada siempre por los cultivos de arroz. En este camino un tanto monótono pero fácil de rodar, aun tuve tiempo de visitar tranquilamente las ruinas de Vat Phu (anteriores a las de Angkor) y algunos saltos de agua en el Mekongademás de presenciar algunos de los atardeceres mas increíbles de todo el viaje.

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Pero si he de ser sincero, durante estos días por Laos, sentí definitivamente que quería parar y descansar. La verdad es que el bolsillo ya no daba para florituras, y con todo, puse velocidad de crucero hacia Camboya, con la intención de parar unos días en Angkor, para de seguido dirigirme directo a Bangkok.

así lo hice. Sin prisa pero sin pausa puse rumbo hacia Angkor, una X en el camino. Cruzar la frontera LaosCamboia, al igual que China-Laos y CamboyaTailandia, fue un autentico placer, así si! En Laos y Camboya, visa on arrival (en la misma frontera), les das una fotito, les pagas los correspondientes dolares, rellenas los papeles pertinentes, y en 5 minutos estas listo, ala, 30 días. Y en el caso de Tailandia tardas aun menos, un sello de entrada y listo, eso si, solo 15 días, extensibles. Así da gusto, y me acuerdo de Turkmenistan, que calvario!! jejeje

Pues eso, Camboya me recibió con mucha mas alegría por parte de sus gentes, y con el reencuentro con “un viejo amigo”, el Indian Roller!! este pájaro apareció por primera vez en el viaje durante los días en que nos acercábamos al monte Ararat (Turquía) junto a la Compañía AraratTomAxelBruno y Romain. Un pájaro que me sorprendió desde el primer momento en que lo vi, por su figura y por sus increibles tonalidades azules. Su presencia me acompañó  por IranTurkmenistanUzbekistan y parte de Kirguiztan. Muchas veces estaba ahí a primera hora de la mañana, me alegraba su presencia, y cogí la costumbre de saludarlo a diario, formaba parte de mi viaje. Sé que nunca era el mismo, pero para mi si lo fué. En las ultimas semanas en Kirguiztan perdí su rastro y su presencia. Y ya en Camboia, tres meses después, el día que volví a ver su figura y sus increíbles azules, ahora incluso mas intensos, una gran emoción y alegría me invadió. Lo saludé con efusividad desde mi bici, y un monton de imagenes me asaltaron al momento, recuerdos. Él, voló asustado por mis aspamientos.

Lo seguí viendo hasta llegar a Angkor. Aquí paré varios días para visitar las famosas ruinas y descansar.Otra burbuja en medio del camino. Increíble lugar, pero creo que disfruté más de las ruinas de Vat Phu (Laos) y Koh Ker (Camboya), por el simple hecho de pasear por ellas prácticamente solo.

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Es curioso, siempre comento como disfruto de la tranquilidad, lejos de las grandes aglomeraciones de gente, en todos los lugares por los que paso. Pero la verdad es que en este último mes, y estando en la recta final del viaje, he notado más que nunca la soledad, el no poder compartir y celebrar de primera mano, con nadie, los últimos días de esta increíble e inolvidable travesía por Asia. Pero bueno, es lo que hay, no lo he sufrido, seria estúpido, pero si lo he notado.

Se podría decir que he llegado hasta Bangkok flotando en mis recuerdos y pensamientos, que me anestesiaban de alegría, mientras cruzaba las ultimas miradas, las ultimas sonrisas, y los últimos saludos con las alegres gentes de Camboya.
Muchas veces hacía, y sigo haciendo, ejercicios de memoria, ante el miedo a olvidar algúno de los muchos momentos vividos durante estos últimos ocho meses, como cuando despiertas de un sueño increíble y no lo quieres olvidar. Retrocedía hasta ciertos momentos del viaje y hacía un repaso completo de todos los días siguientes, hasta que me quedaba enganchado en un momento, – si, todo está ahí –. Son muchas cosas las que han pasado, seguramente, algunas acabaran escondiéndose en algún lugar de mi memoria por un tiempo, o por siempre, pero tengo claro que todo está ahí, y que ha dejado huella, de por vida.

Este “paseo” por Asia, sobre mi bici, ha sido mi vida. Una vida que continuó en su día cuando salí de Vitoria, y que continúa estos días en Bangkok. Simplemente he cambiado “un poco” el concepto de espacio-tiempo en el que vivía, algo totalmente necesario para la salud, por lo menos para la mía.

El sol ha seguido saliendo y ocultándose cada día, y yo me he movido con él,

y él  me ha movido hasta aquí.

El primer paso fué el mas difícil, decidirse, poner una fecha.

Pero una vez sales, simplemente avanzas, simplemente vives.

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Pdta: Gracias a todas y cada una de las personas que han formado parte de esta innolvidable aventura. Gracias!

El Gigante Asiático II “Los ángulos de la tranquilidad”

Cada paso de frontera, cada entrada en un nuevo país, supone un momento especialmente excitante en el viaje ante la llegada inminente de nuevos estímulos y sensaciones. Entrar a China lo fue en particular, por su relevancia, por su lejania, y porque en su día, cuando este barco comenzó a coger rumbo, lo hizo con una frase lanzada al aire y camuflada entre el tumulto de un grupo de amigos que discutían los problemas y rutinas diarias. En ese momento alguien soltó un: – Lo que hay que hacer es irse a China en bici!!! -.Y es también entonces cuando varios de nosotros levantamos las cejas, atrapamos las palabras en el vacío y comenzamos a moldear y hacer realidad una pequena locura: – Vamos!! – . Un pequeño gran movimiento que te lleva a estar a dos días de entrar en Laos. Solo hay que querer, después, el día a día te lleva hasta donde quieras.

El miedo y los estereotipos nos inutilizan. Pero con los pies en la tierra, mente y corazón abiertos, y en el mano a mano, es más lo que nos une que lo que nos separa. La gente lucha en su cotidianidad, con mayor o menor facilidad, por su bienestar, el de su familia y el de su entorno, eso aquí y en la China, perdón, allí y aquí. Y a pesar de las diferencias culturales, en ningún momento me ha faltado ayuda y hospitalidad cuando las he necesitado, en absoluto. Hay que lanzarse! en el mano a mano ganamos por goleada!!

Mi paso por este gigante, pedaleando las provincias de Gansu, Sichuan y Yunnan, ha sido una pequeña lucha por encontrar los ángulos de la tranquilidad, huyendo de las grandes urbes y carreteras más concurridas. Y no ha sido fácil, pero los he encontrado.

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China rebosa dinero, o por lo menos su gobierno, y eso se nota y se ve a cada kilómetro que avanzas por sus carreteras. Las obras son practicamente contínuas. Nuevas autopistas que no se dejan intimidar por la orografía local y que atraviesan sus montañas o las unen con grandes puentes o infinitos túneles (los odio! ). Todas las pequeñas, medianas y grandes urbes viven un boom del ladrillo que en algunos casos llega a ser ciertamente aberrante. Monasterios como el de Labrang, van perdiendo su esencia ante un mercado turístico descontrolado y mal orientado, a mi forma de ver. Aún y todo, y como primera experiencia y contacto budista, he de decir que fué especial.

Como he dicho, y aunque me haya costado sudor y lágrimas, finalmente he podido encontrar lugares y momentos que han compensado dos meses de agosto y septiembre en los que, a parte de las numerosas obras, la lluvia me ha acompañado practicamente a diario, bien de mañana o bien de tarde, rodando por carreteras que perdieron su nombre en el camino pero que me han acercado a lugares donde las minorias étnicas viven, practicamente olvidadas por el gobierno, entre sus cultivos de las montañas de Sichuan y Yunnan.

Creo que está clara mi predilección por la montaña, la naturaleza y las zonas alejadas de los grandes núcleos de civilización a la hora de viajar y rodar. En estas carreteras, sin ruido de motores, el leve sonido de tus ruedas y cadena (bien engrasada!) te permiten percibir la verdadera esencia de cada lugar, y donde te sientes realmente libre y abierto a todo lo que te rodea.

Y precisamente en la naturaleza y vegetación del entorno es donde he podido percibir de una manera absoluta lo lejos que estoy de casa y de un entorno conocido.

Desconozco el medio, clima subtropical, humedad máxima como diría aquel, y una naturaleza que ha cobrado una fuerza extraordinaria, desprendiendo un respeto hermosamente intimidante. Las mariposas han cuadriplicado su tamaño y belleza, y los insectos resuenan incansables como auténticas turbinas. Los cultivos de mangos, plátanos, arroz, tabaco y granadas dan paso a grandes zonas de bosque tropical donde, en alguna parte, se esconden y viven grupos de elefantes salvajes. Seguro que no vere ninguno, pero el simple hecho de pensar que, al igual que los jabalis en los bosques del Parque Natural de Izki, se encuentran en algun lugar no lejos de mi rondando a sus hanchas… me da subidón!

A lo largo de todo el camino, y en China especialmente, he sentido que llegaba tarde a muchos lugares, que la época del verdadero viajero había caducado y que la inexoreble mano del hombre, y el dinero, van pudriendo de alguna manera todo lo que tocan. Paisajes y naturaleza arrasada o vulnerada indiscriminadamente, y que a pesar de ello, sobrevivirá al paso del tiempo y al ser humano, sin que nosotros lo veamos. Y lugares y emplazamientos que van perdiendo su esencia e identidad, devorados por un turismo implacable y voraz. Y no quiero juzgar a la gente que visita estos lugares, entre los que me encuentro, pero sí la forma en que se trabaja, controla y orienta el turismo, alrededor de estos lugares únicos, para respetar y preservarlos de la mejor manera posible.

A nivel local, creo que está en nuestras manos decidir por cuánto tiempo queremos preservar nuestro entorno y cómo queremos hacerlo, o por cuántos puñados de dólares queremos vender, condenar y “fracturar” el bienestar de las generaciones futuras.

Estos últimos días en China he puesto el campamento base en un hostel de Xishuangbanna. Por cierto, los hostels en China son una opción muy recomendable para pequeños parones en medianas o grandes ciudades. Económicos (estoy pagando 4 euros la noche), buen ambiente, viajeros, información, conexión a internet sin restricciones XD…… Pues eso, que aprovecho mis últimos días en China para escribir tranquilamente, dormir hasta que duele, jugar unos baskets callejeros, catar té, coger fuerzas y hacer un trekking por los bosques tropicales con Danielle, un colega Italiano que he conocido en el hostel.

En unos días mis pies pisarán Laos, y la antigua ciudad de Luang Prabang será el primer destino. Si todo va bien, puede que allí me reencuentre de nuevo con Zac. Entramos juntos en China, hemos buscado nuestros propios ángulos de la tranquilidad, y quizás nuestros caminos vuelvan a juntarse tras dejar tierras chinas. Unas tierras de las que solo he conocido una pequena parte de su inmensidad pero que me han mostrado una gran variedad de gentes, costumbres, lugares….y comida!

Xie xie!!

Esta es para un loco muy cuerdo, gracias Ieltxu!

Experience Kirguiz II y El Gigante Asiático. Ecuadores, capítulos y fronteras.

Hace ya más de cinco meses que las luces de Barcelona quedaron ancladas y se perdieron en la noche. Cinco meses que han pasado volando, pero que en mi memoria rebosan lugares, gentes y momentos. El camino va decidiendo, abre y cierra puertas a tu paso, y crea tu día a día a cada instante. Tú solo lo afrontas, lo disfrutas, lo sufres, lo superas, y sigues adelante, llenándote gota a gota. Y así, día a día, pedalada a pedalada, gota a gota, Asia Central a ido dejando un poso perenne que ha enraizado en silencio en mi interior, y que grita con mas fuerza que nunca tras la entrada al gigante asiático.
China. La verdad es que antes de pasar la frontera, y cada vez que lo pensaba, me sorprendía y me hacía gracia pensar que, detrás de las montañas que se alzaban ante mi, se extendía en su inmensidad la geografía y cultura china. Y he llegado en bici!! en fin, de locos. Ahora, China se desliza ya bajo mis ruedas y me impregna de manera avasalladora de su esencia, una esencia que no te llega gota a gota, sino que te inunda. Uno nunca sabe lo que le deparará el futuro, pero dejar atrás Kirguiztan y entrar en China me hace pensar y sentir que el ecuador de este viaje ha sido sobrepasado. Pero insisto, uno nunca sabe. Lo que si se es que es un nuevo capítulo, un punto y aparte.
Un punto y a parte en el que Kirguiztan se encargo del primero y cerró el capítulo de Asia Central desde las alturas. En el mes que he pasado en esta tierra de guerreros he disfrutado y he sufrido sin igual rodando por sus carreteras y pistas. Y es que la decisión de abandonar por unos días el asfalto, trajo consigo sus más y sus menos. Sin duda, y de primeras, el tráfico fue el primer plus,  aunque no estuviera rodando por carreteras muy concurridas, la paz y libertad que te da la no presencia de vehículos es única. Y aprovecho la ocasión para acordarme de todos los conductores que a lo largo de este viaje me han dado todo su calor acercándose lo mas posible a mi, yo también os quiero. Por favor, distancia de seguridad!!!

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Estos días circulando por pistas me han regalado también grandes tardes-noches de acampada, en los que las montañas y los ríos me pertenecían absolutamente. Y me han llevado hasta lugares únicos, como es el caso de SongKul, un lago que duerme a 3000m de altura protegido por cumbres de 3500-4500m y donde durante tres meses al año algunas familias Kirguiz levantan sus Yurtas y trabajan la leche de sus caballos, vacas, ovejas y cabras. En este aspecto, tomar un desayuno típico no está hecho para alérgicos a los lácteos. Para los demás, una gozada y bien de grasa: leche, tres tipos diferentes de mantequilla, yogurt, mantequilla con azúcar tostados, leche de caballo fermentada (esto no mola tanto), queso, a lo que hay que añadir siempre alguna mermelada casera y depende de la zona miel.

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Llegar hasta SongKul no fue un camino de rosas, pero todo compensaba en el camino. El problema llegó el día que descendí de nuevo de las alturas y volví a despertar de aquel sueño. El descenso me llevó prácticamente todo el día, era dejarse los frenos y las muñecas bajando a cinco por hora o destrozar la bici en unas pendientes llenas de piedra suelta, roca, arena y de vez en cuando agua. Tras cinco horas bajando estás ya un poco hasta…. pero bueno, el problema se acabaría al salir a la carretera que une Naryn con Kazarman. Nada mas lejos de la realidad, y aviso para navegantes, la carretera que une Baetov con Kazarman es un autentico infierno.
En medio de un paisaje totalmente lunar y un sol aplatanador, “la carretera” es un camino de piedras, arena y grava en el que los pocos coches que circulan a diario por ella han dejado el terreno mas insoportable que jamas he sufrido. Kilómetros y kilómetros de pequeñas ondulaciones que ocupan prácticamente el ancho de la calzada, provocando un traqueteo demoledor que solo puedes salvar si tomas la opción de orillarte, metiéndote en la grava desplazada y perdiendo el equilibrio, infernal! Creo que han sido, junto con Turkmenistan, los días mas duros de este viaje sobre la bicicleta. Durante las tres jornadas que circulé por esta “carretera” el mejor momento del día llegó siempre al parar y encontrar  un sitio medio decente donde plantar la tienda o con suerte una casa abandonada donde dormir. Filtrar agua, ponerla a calentar, pasta o arroz a palo seco con un poco de aceite, frutos secos, y ya con mas calma y sereno, un té mientras se consumen las últimas horas de luz. Después, paz.

Pero Kirguiztan tubo un detalle conmigo y me compensó con una última semana de las buenas. La ruta me acercó de nuevo a Osh, punto de partida en mi experience Kirguiz, desde donde puse rumbo directo al paso de Irkeshtam, frontera con China. En el camino, y ya por carreteras decentes me volví a perder en las inagotables depresiones de este país, llegando a superar mi récord de altura en el Taldyk Pass, 3615m. La verdad es que estaba bastante subidito el día que lo pase, con Jimmy Hendrix en los auriculares, no había quien me soplara, hasta que, tras descender a 2500m, y a una jornada de la frontera, la cordillera que separa Kirguiztan y Tayikistan  me dio en todos los morros con sus cumbres nevadas por encima de los 6000m y con el Pico Lenin imponiendo sus 7150m. Me quité las gafas, apagué la música, y calladito me quedé. Momentos únicos.

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Y si toparme con esta impresionante cordillera fue especial, más lo fue aún que un joven llamado Ishnazar Abdujapar apareciese con su burro al galope (a mi me sorprendió, pero si, los burros pueden ir al galope), me contase que me había visto desde la lejanía con sus antiguos prismáticos y me invitase sin dudarlo a su casa, en medio de las montañas y a varios kilómetros de la carretera. Durante este mes en Kirguiztan ya había tenido la oportunidad de conocer a varias familias y su modo de vida, pero he de decir que los dos días que pasé con la familia de Ishnazar fueron los más especiales. Con una increíble naturalidad pase dos días conviviendo con ellos y viendo cómo trabajaban con sus rebaños.
Un momento divertido fue conocer al abuelo de Ishnazar, el cual me contaba que había sido profesor de geografía e historia en Sari-Tash, una pequeña población cercana. Pasó revista de los conquistadores y navegantes españoles, Magallanes, El Cano, Colón…, me recordó a Don Quijote y Sancho Panza en la obra que de Miguel de Cervantes, e incluso sacó a relucir a Franco, del cual no dudo un instante de tildar de  – fascist! – , para a continuación mencionar a Dolores Ibarurri sacando una sonrisa reveladora. Con el diccionario de Ruso y el arte de hacerse entender, pasamos sorprendentemente bastante tiempo “hablando”. Un hombre que entendía fácilmente todo lo que quería explicarle y que mostraba una gran alegría por mi presencia e historietas.

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La mañana que me fui, Ishnazar me mostró varias postales de diferentes lugares del mundo y me pidió que le mandase alguna postal en mi viaje. Creo que será algo complicado con las reseñas que me dejó, pero lo intentaré. Sin duda había un viajero dentro de Ishnazar, unas ganas inmensas por conocer qué es lo que se esconde tras aquellas montañas que sus prismáticos rastrean día si y día también, mientras controla con el rabillo del ojo los rebaños familiares. Y en esto su abuelo tiene gran culpa.
Tras dejar atrás a un Ishnazar mirando en la lejanía, por delante los últimos 80 km de Kirguiztan me regalaron otro gran día de pedaleo. A 2500m de altura, viento a favor, la inmensa cordillera a mi derecha, una carretera perfecta y vacía, se unió la aparición de dos nuevos compañeros de viaje, primero Jeremy (New Port, Inglaterra) y poco después Zac (Londres). La verdad es que fue una casualidad que nos juntásemos los tres justo en la última etapa antes de entrar a China. Una casualidad que hizo que pasásemos tres días de acampada juntos en la  frontera,  tras enterarnos que esta permanecería cerrada varios días debido a las últimas celebraciones de el Ramadan. Estos tres días y el hecho de pasar juntos la frontera para poner nuestras ruedas en China nos unió especialmente. Juntos rodamos nuestros primeros kilómetros por el gigante asiático y llegamos hasta Kashgar, punto de referencia en el paso de la ruta de la seda.
He de decir que Kashgar a sido realmente especial y sorprendente. Kashgar, y para que nos entendamos, no es la China que todos tenemos en mente, sigue siendo Asia Central, lo ves en las gentes, en sus rasgos, sus costumbres……pero a la vez notas que hay algo que ha cambiado, un toque diferente que lo impregna todo.
Kashgar, y mas en concreto toda la zona musulmana, La Ciudad Vieja, desprende una intensidad única en sus calles, y más fuerte si cabe que la vivida desde Turquía hasta Kirguiztan. Parece que la Ruta de la Seda siguiese viva en sus calles y en sus mercados diurnos y nocturnos. Kashgar ha sido sin duda, especial, se nota, se respira…..y se saborea.

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Desde Kashgar, y con un visado de un mes extensible a dos, mi mirada se centra ahora en las provincias de Sichuan y Yunnan, y la mejor opción, sin duda, es coger un tren que me acerque hasta Lanzou, donde me encuentro ahora mismo, y desde donde comenzaré a descender hacia Laos, rodando por dos de las provincias más bonitas de China. Un viaje en el tiempo que me ha librado de perder mi visado rodando casi 4000km por tierras desérticas o semidesérticas, como que no. En Leshan intentaré hacer la extensión de visa que me de la tranquilidad máxima en mi ruta por Yunnan, Tibet oriental.

Lo primero que puedo decir, a parte de que efectivamente está lleno de chinos, es que estoy disfrutando como un niño de la cocina China. Tras un triste paso gastronómico por Turkmenistan, Uzbekistan y Kirguiztan, mi estómago y mi paladar vuelven a sonreír con la calidad y variedad, sobre todo de verduras.

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En otros aspectos, destacar la sensación de unión que desprende el pueblo chino. Entre desconocidos, enseguida comienzan conversaciones y debates formales en los que todos toman parte, no sé que se cuentan pero siempre parece interesante, y lo hacen muy respetuosamente. Eso si, las malas conductas son reprimidas a viva voz mientras el gentío observa curiosa y silenciosamente la reprimenda.Y es que la curiosidad les mata. No me he sentido tan observado en todo el viaje como estos primeros días en China. Para los ancianos, para los bebes, para los jóvenes, para los no tan jóvenes, para ellos, para ellas, para ell@s, mi presencia, y sobre todo mi barba, se han convertido en centro de atención. Vale que llevo tiempo sin afeitarme, pero es de risa. Y me miran, y se giran, y me siguen mirando. Hasta me estoy cansando de el divertido juego de cazarles la mirada y levantarles las cejas,  jeje.
El tema de la comunicación será otro punto de interés. Las opciones se basan en encontrar un joven que hable ingles o tener toda la información escrita en chino, sino, lo llevas claro, puede llegar a ser desesperante. Durante todo el viaje, con varias palabras y el arte de los gestos, la mímica y el querer entenderse, ha sido más que suficiente. Aquí, cualquier gesto o movimiento que hagas para hacerte entender, bloquea de inmediato al receptor perdiendo cualquier información adquirida: Error!!!!
Paciencia. Por lo menos, y como punto positivo, tengo más espacio libre en mi disco duro. Eructar, escupir y sorber en publico ya no está en mi lista de comportamientos no adecuados. Además, tampoco tengo por qué taparme o girarme al estornudar… Es broma ama.
Creo que va a estar entretenido el tema, es un choque total, pero me gustan los cambios. Con suerte podré rodar durante dos meses por tierras chinas bajando hacia el sur, acercándome así cada vez más al ecuador del mundo. En ningún momento pensé en bajar tan abajo, pero a estas alturas uno nunca sabe. Cruzar la frontera de Myanmar con India, y entrar así fácilmente a  Nepal, se presenta complicado. La Work Holiday Visa de Australia es muy apetecible, pero creo mis 33  serán un obstáculo (siempre esta la opción ilegal).  Lo que si se es que el ecuador de mi bolsillo hace tiempo que pasó, y que Bangkok es uno de los lugares mas económicos desde los que volar de vuelta a Europa.
El camino proveerá🙂

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Pdata: Ultimamente y desde hace unas semanas más intensamente, mi mente y mi corazón viven en una dualidad en la que, por un lado, echan de menos mas que nunca a mi familia y mis amigos, y a la vez, tienen mas ganas que nunca de seguir y hacer más grande este aventura. Y es precisamente en los peores días cuando lo ves más claro: El infernal paisaje lunar ya no lo es tanto, el sol da sus últimos coletazos y lo cubre todo de una tonalidad naranja que descubre nuevas sombras y formas en la árida roca de las montañas. Y allí estas tu, en medio de quién sabe dónde, con tu plato de pasta entre pecho y espalda y tu taza de té entre las manos, contemplándolo todo segundo a segundo, más vivo que nunca. Es entonces cuando respiro, pienso, y me siento afortunado. Afortunado por tener la opción de hacer lo que estoy haciendo, con sus más y sus menos, y afortunado por todo lo que tengo.

Besos, recuerdos y abrazos para todos!!

Y muchas gracias a todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino por Kirguiztan, ayudándome, enriqueciéndolo y haciéndolo más especial si cabe. Gracias! Rahmat!

China a mis ruedas!!!!! Próximo capitulo……

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TURKMEN, UZBEK, KIRGU InSTANt

* – Perdon por los acentos, no hay en el teclado-* 

TURKMEN, UZBEK, KIRGU InSTANt.

Y dos despedidas

Iran quedara en nuestra memoria para toda la vida.

Mas de un mes viajando a lo largo y ancho de sus tierras nos han dejado un poso de gratitud y proximidad con este pueblo que dificilmente podremos olvidar nunca.

Bueno…miento. La misma mañana que cruzamos la frontera Turkmena todos estos sentimientos se esfumaron por un instante y dieron paso al odio y la desesperacion.

Turkmenistan, una piedra en el camino.

Llegabamos mentalizados, Iran se acababa, y por delante mas de 600km a recorrer en 5 dias. Una fecha de entrada y otra de salida fijadas en nuestro pasaporte para cruzar un pais semidesertico y practicamente desconocido para nosotros. Nuestras unicas referencias venian de cronicas de otros cicloviajeros que lo habian cruzado con anterioridad, y la unica sensacion que teniamos se limitaba a cruzarlo y todos contentos.

Desde el primer dia nos dimos cuenta de que la historieta Turkmena no iba a ser facil. Toda una mañana, desde las 8h hasta las 15h, paseando el pasaporte de una mano a otra, rellenando papelitos, soltando y abriendo todo el equipaje, volviendo a pasear el pasaporte de un lado a otro, e incluso comiendonos un soborno al ejercito, segun ellos para pisar suelo Turkmeno. De risa. Al parecer los sobornos estan a la orden del dia, pero por mucho que les reconozcas que te estan robando a la cara y que requires la presencia de un superior, la opcion que este te da es la de volverte sobre tus pasos, en fin…

A las 15h, y con el Sol a pleno rendimiento, el adolescente ejercito Turkmeno nos solto en medio de la nada. El terrible viento en contra y la arena nos hizo sentir mucho mejor si cabe. Welcome to Turkemenistan!!

Con este panorama y un tanto desmoralizados, aun encontramos nuestro momento de alegria. En el primer garito que encontramos, y despues de dos meses sin probarla, medio litro de cerveza desaparecio en dos largos tragos escoltados por dos lagrimas incontroladas y sinceras. Nunca una cerveza nos supo igual.

Fueron cinco largas y duras jornadas de pedaleo, siempre azotados por el viento y la arena, que nos dejaron totalmente derrotados a nuestra llegada a Uzbekistan. Cinco dias locos en los que aun pudimos observar el evidente cambio en los rasgos de las gentes y en las infraestructuras, la mano sovietica habia dejado su huella, y asi sera hasta llegar a China. El tema de los rostros fue el que mas nos llamo la atencion. En pocos metros los rostros tostados Iranies habian dado paso a un amalgama ruso, chino, mongol dificil de colocar. Y aunque la curiosidad de estas gentes a nuestro paso seguia latente, un poso de frialdad sovietica se empezaba a respirar.

Aun asi, y al igual que en todo el camino, la buena fe de la gente no desaparecio, y aunque ya no fuese con la intensidad vivida en Iran, tuvimos nuestros buenos momentos con el pueblo Turkmeno. Quizas el mejor momento llego el tercer dia de pedaleo, en medio del desierto y despues de una larga jornada,  ya al atardecer, un grupo de  trabajadores de las lineas ferreas Turkmenas nos dio cobijo en su pequeño oasis de descanso.  En una pequeña plataforma elevada, alfombrada y al resguardo del sol, nos ofrecieron comida, agua y un lugar donde poder acampar con seguridad.  Esa noche los brindis con vodka no fueron pocos y dormimos como autenticos lirones.

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Al margen de estos grandes momentos, Turkemnistan nos dejo totalmente desechos fisica y gastricamente hablando. Pocos productos para cocinar y una gastronomia a base de sopa grasienta de cordero y panes grasientos rellenos de cordero no ayudaron en absoluto. Pero la resistencia humana tiene unos limites que desconocemos, y con las fuerzas bajo minimos y aun con el viento en contra, conseguimos llegar a la frontera uzbeka en modo encefalograma plano, un no sentir ni padecer que afloro en los peores momentos y que nos llevo hasta el objetivo en la fecha señalada.

Uzbekistan,  dos joyas en el camino

Nuestros amigos cicloviajeros Esti Aguirre y Aritz Orruño ya nos lo dijeron antes de partir, – Buhara sera un buen lugar donde descansar unos dias -. Y asi fue, a 100km de la frontera Turkmena, y sin tanto problema para cruzar, Buhara se convirtio en el lugar perfecto para descansar, recuperar fuerzas y disfrutar paseando por su centro historico Patrimonio de la Humanidad,  uno de los principales puntos historicos en la cultura persa y en la ruta de la seda.  Isfahan (Iran) estaba en nuestra pole-position de ciudades visitadas en el viaje, pero el paso por Uzbekistan nos ha dejado dos joyas en el camino que sin duda se ponen en todo lo alto. Por su belleza y por su significado historico en la Ruta de la Seda, Buhara y Samarcanda se cuelan en el top.

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Nuestra llegada a Samarcanda no fue todo lo romantica que un viajero espera, y es que cuando aun no habiamos recuperado todas nuestras fuerzas, un reencuentro en Buhara con nuestros amigos Tom y Axel nos deparo una gran velada en la que nos pasamos de Na zdorovies! y de regalo cinco dias mas de agonia y malestar que nos obligaron a coger el tren hasta Shamarcanda y Tashkent. Asi sucedieron los hechos y asi los estamos contando.  Totalmente descompuestos.

Aun y todo, y de la forma que fuera, la plaza del Registan en Samarcanda nos recibio con su majestuosidad. Una X en el camino, un momento especial. Uno de los puntos mas importantes en el transito de La Ruta de la Seda, ciudad de viajeros, y a la que llegamos con un tipico mal de viajero, pero llegamos.

Dos despedidas

La estancia en Tashkent la teniamos marcada para aplicar el visado Chino, pero finalmente, y por ahorrarme quebraderos de cabeza, decidi que lo tramitaria en Bishkek (Kirguiztan), algo mas caro pero mas sencillo. Y digo decidi porque el 25 de Junio Bilintx decidio poner punto y aparte a esta aventura. Hacia tiempo que su corazon y su mente viajaban en otras latitudes y finalmente tomo la decision de volar a Suiza y comenzar otra nueva etapa en su vida con nuevos retos y motivaciones. Mucha suerte Bill.

Comenzamos tres y ahora Bizing se reduce a uno. Pero el camino esta lleno de viajeros y amigos que formaran parte de lo que resta de aventura. De echo, y aunque aun no lo he mencionado, Jordi ha seguido formando parte del grupo durante estas semanas.

Ya recuperados de nuestros males, Jordi y yo compartimos tres bonitas jornadas de pedaleo desde Tashkent hasta la frontera de Kirguiztan. En el camino volvimos a sentir la montaña para llegar al amplio y fertil valle de Fergana el cual nos enfilo directamente hacia la frontera con Kirguiztan.  Alli Jordi y yo separamos nuestros caminos tomando diferentes rutas. Desde Teherean rodando juntos y compartiendo buenos y malos momentos. Con 22 años este Valenciano tiene una energia y unas ganas desbordantes por recorrer y viajar todo el mundo. Un placer Jordi, nos vemos en Vitoria, o en Valencia, o quizas sea mas facil que nos volvamos a encontrar rodando por el mundo. Magnum!!

Y en esta tesitura se presento Kirguiztan ante mi rueda, sin duda alguna el viaje continua, pero es inevitable sentir que uno nuevo comienza, y en el, cada momento sera mas intenso si cabe. Seguimos adelante!!

Experience Kirguiz I

Ya desde un ciber en Bishkek, y esperando que me validen la visa para entrar en China, puedo decir que la ultima semana que me ha llevado desde Osh hasta aqui ha sido una de las mas especiales de todo el viaje. Viajar solo se me ha presentado como un reto y una oportunidad unicas, y en estos siete dias Kirguiztan me ha llenado completamente con sus carreteras, su gente y sus increibles paisajes.

Si que es cierto que durante las dos primeras jornadas el abundante trafico y su inexistente respeto hacia mi presencia me puso un poco en tension. Pero a medida que la montaña se fue acercando y el trafico comenzo a relajarse, la magia de estas tierras comenzo a envolverme sin remedio.

En el camino hacia Biskhek habia dos pasos por encima de los 3000m marcados en rojo, Ala-Bel Pass (3175m) y  Too-Ashuu Pass (3586m). Para llegar al primer paso, tres increibles jornadas de pedaleo que me iban acercando a las cumbres nevadas desde las remotas laderas. Tres jornadas realmente duras, continuos sube y baja siguiendo el curso del rio Narin entre cañones y rodeando el increible embalse de Toktogul para comenzar la interminable  pero increible subida al Ala-Bel. Mas de 80 km de subida mas o menos tendida me acercaron a las nevadas cumbres a traves de la reserva natural de Chychkan. Por el camino los puestos de los produtores de miel fueron dando paso a las primeras yurtas diseminadas por las laderas y a las grandes manadas de caballos. Las familias Kirguiz que viven en estas cabañas preparan una bebida tipica a base de leche de caballo fermentada que se llama kumys  y que es muy popular en el pais. Dicen que sus beneficios para el cuerpo son innumerables y que relaja y tranquiliza. La verdad es que a mi personalmente no me gusto mucho, pero que me tube que echar una cabezadita despues eso es seguro.

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Ya en las alturas la carretera desciende algo mas de mil metros hasta un valle en altura donde confluyen todas las aguas de las cumbres y donde se forma el rio Suusamir rodeado de inmensas praderas e innumerables manadas de caballos que pastan a sus anchas en el autentico paraiso equino. Aqui las yurtas son mas numerosas y las mas proximas a la carretera venden el kumys y bolas de queso seco, ademas de ofrecer comidas tipicas.

Aquel dia remate la jornada durmiendo en una caseta al lado del rio, separado de la carretra y cocinando con fuego. El atardecer en altura trajo consigo un frescor que no sentia desde hacia meses y del cual disfrute hasta que no pude mantener mas los ojos abiertos. Millones de estrellas fueron apareciendo en aquel cielo puro y limpio a medida que el sol perdia su intensidad y los contornos de las altas cumbres desaparecian en la oscuridad. Hace tiempo que duermo bien en cualquier lugar, pero esta noche fue especial.

Al dia siguiente y tras  un buen desayuno en la orilla del rio y con los primeros rayos de sol calentando, el paso de  Too-Ashuu me esperaba. Esta subida, aunque muchisimo mas corta y partiendo en altura, se me hizo mas dura, altos porcentajes y una mala carretera me hicieron sudar de lo lindo para llevar los 60kg de bici y bolsas hasta el tunel que cruza el monte antes de llegar a la cumbre. Si, la verdad es que fue un poco decepcionante no llegar hasta lo alto y encontrarse un tunel a medio camino. Un tunel que por cierto tube que pasar a bordo de una furgoneta por mi seguridad. Estrecho, sin arcenes, sin luz, lleno de gases y mojado…..una trampa mortal a la que no me dio la gana lanzarme. Al otro lado una bajada en zij-zaj impresionante se perdia entre inmensos muros que en cualquier momento parecia fuesen a caer. La carretera descendia hasta los mas oscuros avernos y despues…..seguia bajando entre las agresivas moles de piedra acompañado siempre por el rio Kara-Balta.

Salir de aquella masa inmensa de montañas y aparecer en una enorme llanada donde ahora el sol volvia a golpear duro fue como despertar de un largo sueño, miraba hacia atras y recordaba, una energia especial recorria todo mi cuerpo y me hacia sonreir inevitablemente. La ultima noche antes de abordar Bishkek la pase en una granja a la que fui invitado sin mediar pregunta alguna. Una ducha en un barreño, visita a los animales, cena, baso de leche recien ordeñada y a dormir, yo la verdad es que cada vez lo flipo mas con la gente.  En fin, que ahora venia Bishkek, y con ello todo lo que conlleva una gran ciudad. Cinco dias para tramitar el visado chino, coger algun kilo, comprar repuestos, intercambiar informacion e impresiones en el hostel,  escribir alguna cosilla por aqui y de nuevo a la aventura! No tengo ninguna duda, Kirguiztan es un lugar perfecto para el deporte de aventura. Mi paso a China esta al sur, en el paso de Irkeshtam, y yo tengo aun un mes de visado, lo tengo claro,  carreteras secundarias y a gozar!!! Experience Kirguiz!!

Pdata: Te lo estas perdiendo Bill. Mucha suerte. Un abrazo.

LA SALIDA CERCANA… Irán

LA SALIDA CERCANA… Irán 

 

Es una sensación extraña… Tener una idea preconcebida de un país y que cambie tanto a medida que te vas integrando en un día a día de çais, sonrisas, sonidos de bocinas buscando un simple saludo, el intenso hedor de los baños, los colores secos de un paisaje árido, la humedad del norte, la hospitalidad abrumadora, la lluvia, el calor, la carretera llena de trastos antiguos, la sociedad en si… son demasiadas las cosas que no imaginábamos, demasiados Clichés que han ido desvaneciéndose con ese paso de los días que nos llevará poco a poco a la frontera turkmena con una sensación de haber cumplido, de saber cómo tenemos que definir este mar de multitud de contradicciones. Irán no es lo que parece y aquí sí que el “ver para creer” está más que bien empleado. Tras más de un mes de agradable convivencia podemos decir que no nos creemos lo que nos cuentan por la televisión. Es cierto que el enriquecimiento del uranio y la horrible forma de ocultar a la mujer son ya suficiente razón para el conflicto pero… Irán es mucho más que todo eso y, otra vez, incidimos en la diferenciación de las dos sociedades que hemos visto y sentido a lo largo de muchos kilómetros de pedaladas. El cambio es, cada vez más convencidos, inminente. Inminente porque los jóvenes y los círculos más liberales dibujan aperturismo en un discurso relajado y, como no puede ser de otra manera, viven con la esperanza de quitarse el manto que les mantiene aislados del resto del mundo. Se muestran cansados mientras la religión pierde peso, el mismo peso que intenta controlar extractos de la sociedad que no entiende, que no quiere entender y, si no cambian de chip, jamás entenderá. Con esto no queremos decir que todo lo que viene del islamismo sea malo, para nada, simplemente hemos sentido la necesidad de cambio generacional, la necesidad irrevocable de relacionarse más con el ser humano de a pie… ese conjunto de personas que dibuja una sociedad difícil de entender y que nos han dejado un gran sabor de boca de nuestro paso por la República Islámica de Irán.

Tras pasar por los terroríficos trámites burocráticos capaces de acabar con la paciencia de cualquier viajero vagamundos ya tenemos estampado el visado uzbeco en nuestros pasaportes… Por fin! Y con este hemos podido tramitar el turkmeno en Teherán para posteriormente recoger en Mashhad. Los trámites de los visados para poder moverte por Asia central son conocidos por su complejidad y necesidad de mentir como un auténtico bellaco y… como no… hemos tenido que pasar por el aro.

Para el visado uzbeco es necesaria una carta de invitación de la embajada del país de procedencia… en nuestro caso y mientras las cosas no cambien… la española. Allí fuimos. Destacar que el trato que tuvimos fue exquisito, que los baños estaban muy limpios y el personal es tremendamente encantador. De todas formas este simple trámite que a un francés, alemán, suizo o taiwanés le cuesta 5 minutos, a nosotros nos costó algo más pues es necesaria una reserva de cualquier medio de transporte (evidentemente bicicleta no) al país de destino que, en nuestro caso, era Uzbekistán. Aquí empieza ese baile de pillería que no terminamos de entender… ese “¿Sabrá que no vamos a coger el avión ni de palo?”… esas miradas cómplices con Jordi, un joven valenciano que se ha apuntado a nuestro pelotón. El caso es que tuvimos que hacer una reserva (falsa por supuesto) de un vuelo a Uzbekistán que, después de una conversación repleta de mentirijillas y “a donde vas… manzanas traigo” con la funcionaria, nos facilitaría la famosa carta. La entrega de la reserva es tensa… pues no sabes si en ese momento donde el tiempo se para y le das esas fotocopias de “copy-paste” va a colar… Afortunadamente coló, pero te quedas con la sensación de no saber si realmente se lo ha creído o no. Raro pero… Primer escollo superado… lo demás pan comido.

A cualquier cicloviajero acostumbrado a la libertad de las carreteras 8 días en una gran capital le suponen un desgaste necesariamente innecesario. 8 días que Ali ha hecho más agradables, así como la visita a Shiraz e Infahan que planeamos sobre la marcha para no agonizar en una ciudad como Teherán. Teherán es… como decirlo… una de estas ciudades que esperas no volver a pisar jamás. La segunda ciudad más contaminada del mundo, con un ruido y tráfico capaz de volver loco a cualquier loco, donde respirar te produce un carraspeo desagradable en la garganta y levantar la mirada un deseo de querer abandonarla. El tiempo de espera en Teherán sólo se palia a base de zumos de frutas naturales y helados… también la ascensión al Damavand… 4.300 metros de hermosura descomunal que brindan un adiós menos amargo… Por lo demás, no queda sitio en el archivo para el recuerdo, sin embargo, el olvido se hace fácil al abandonarla… al no dedicar ni una sola mirada hacia atrás.

Afortunadamente, y mientras las visas se horneaban, pudimos disfrutar de cuatro días de turisteo en Shiraz e Isfahan. Nuestras bicis tuvieron unos días de descanso en casa de Ali mientras nosotros viajábamos al sur de Irán durmiendo a pierna suelta. Un cómodo y barato tren litera nos dejó en Shiraz atravesando la noche en 12 horas. Por la mañana un paisaje desértico nos dedicó un despertar diferente, cubriendo todo de un amarillo caliente hasta donde podían llegar nuestras miradas. Nuestros compañeros de camerino, un señor ya entrado en años y su hija, nos ofrececían parte de sus alimentos. En Irán es costumbre tratar al viajero de una forma que se almacena definitivamente como un recuerdo positivo (así nos está pasando). Dice la leyenda que la cantidad de males de los que te desprendes en estos buenos actos es proporcional al trato y felicidad que has provocado en tus acciones. Nos ha parecido una historia bastante interesante, ha dado lugar a un debate agradable y nos ha dejado con una sensación algo extraña… sobre todo… por que estamos siendo parte de esa historia y, como alguna vez hemos comentado, es difícil entender desde un prisma y una educación occidental.

ImagenDesde que entramos en Irán, tres son las ciudades que se han ido repartiendo los votos a la ciudad más bonita del país: Tabriz, Shiraz e Isfahan, y estas dos últimas se disputaban el primer puesto en una dura puja. Nuestro veredicto final, por sentir cierto orden en sus calles, por sus zonas verdes, por su bazar repleto de productos artesanales, la gran plaza coronada por la hermosura de la mezquita que la cuida y por el hechizo final de los cantos populares que se entonan bajo los puentes que cruzan el cauce seco de el río Zayanderud, dan como clara vencedora a Isfahan. De momento y, si la plaza de la histórica Shamarcanda no nos ilumina como los relatos que hemos leído sobre ella, creemos que será la ciudad favorita a llevarse el trofeo al final de año.

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Con tanto papeleo y transporte público ya casi nos habíamos olvidado de nuestros velocipedos, ya había llegado la hora de desempolvarlas. Nuestras máquinas son capaces de hacerte ver el mundo de otra manera y, por eso, nada más terminar nuestros bussiness en Teherán saltamos a la carretera con ansías de seguir adelante tras tanto pajareo. Quedamos con Jordi al mediodía y compartimos por una parte el agradable alivio de dejar Teherán y, por otra parte, la desagradable sensación de circular con suculenta atención entre cientos y cientos de coches durante casi tres horas, sensación que te deja mentalmente cansado y físicamente tenso. Otra más que se suma a la lista de Roma y Atenas.

Sabíamos que teníamos 10 días de pedaleo hasta Mashhad y que nos esperaba el último trámite burocrático que nos daría un mes seguido de vacaciones. Entre las dos ciudades 900 km y el Desierto de Kavir. El calor empezó a ser bastante intenso, el tráfico continuo y humeante, las botellas de agua caliente empezaban a no ser suficiente alivio y el paisaje dejaba de ser tan bonito por su monotonía. De todas formas siempre quedaba un momento para levantar la mirada y ver esas formas rocosas de un sinfín de colores talladas por la erosión del viento a nuestra izquierda, un momento que nos ponía en el contexto del dónde estábamos y hacía dónde nos dirigíamos. Sí, nos espera un mes y medio de desierto antes de afrontar Los Pamires. Quizá sea esta la razón que hizo cambiar nuestros pasos haciéndonos coger una ruta alternativa que ya antes había salido en alguna conversación mientras mirábamos el mapa vagamente. De Shahrud nos dirigimos al norte con intención de ver y cruzar el Parque Natural de Golestan.

Un acierto. Una desición que nos ha hecho disfrutar de las etapas más bonitas que hemos vivido en la intensa Irán. Comenzamos con una ligera subida de 65 kilómetros que nos ocupó toda una mañana temprana, una etapa que culminó con una bajada por un valle protegido por las montañas que iban cambiando de color y ganando en vegetación a medida que nos acercábamos al parque natural, siempre acompañados de un río rodeado de cultivos que alegraban nuestra vista tras días de desierto y paisajes áridos. Tanta era nuestra motivación en este paraje que alcanzamos Azadsharh en un solo día de pedaleo, un día donde los 135 km de cansacio fueron un auténtico regalo y el calor dejó de ser un problema. Fue un momento donde sentirse cicloturista nos llenó de una profunda emoción.

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Al entrar al Parque Natural de Golestan por un momento nos sentimos como en casa… de nuestros rostros sonrientes y sorprendidos salían símiles con el Parque Natural de Izki, una auténtica joya la que tenemos en tierras alavesas. Las encinas y Robles dan una densidad realmente espectacular al lugar, lo transforman en un paseo tranquilo entre las sombras y el cobijo de sus ramas. Hasta la intensa lluvia que nos acompañó fue agradable, haciendo la etapa épica a la par que inolvidable. La acampada pasada por agua bajo un anciano roble hizo que, otra vez, sintiéramos esa libertad que tanto añorábamos, esa tranquilidad de estar solos en un paraje natural… donde la única visita que recibimos fue la de una familia de jabalíes acostumbrados a la gente.

Ya en Mashhad y con el visado Turkmeno en mano es hora de empezar a preparar la escapada del país. El día 13 dejamos Irán, dejamos la tierra que nos ha hecho darnos cuenta de cómo nuestros pensares pueden cambiar ante una vivencia personal en primera mano. Sólo nos queda disfrutar del camino, de esa linea roja que estamos compartiendo con todos vosotros, esa linea que no sabemos donde va a marcar el punto y final. Lo único que podemos adelantar es la intención de vivir los momentos buenos y mejores al máximo.

Muchas gracias Irán por toda la enseñanza que nos has ofrecido…
Muchas gracias a la gente maravillosa que ha hecho que este mes y pico sean absolutamente inolvidables…
Muchas gracias por seguir marcando el cambio que ya se está fragüando en nuestro interior…
Muchas gracias por hacer que nos acordemos de la gente importante para nosotros… de aprender a valorar lo que tenemos…

Mila esker…

DESDE TEHERÁN Y SIN FILTROS

DESDE TEHERÁN Y SIN FILTROS

Irán, un país del que sabemos lo que cuentan los medios de comunicación que, mayoritariamente, es poco y no muy bueno. Paradójicamente todo lo contrario de lo que hemos podido leer en blogs de cicloturismo y libros de viajeros, así como lo que hemos podido escuchar de nuestros compañeros y amigos que han pasado por ahí. Cuando comentábamos la idea de cruzarlo en bicicleta entre familiares y amigos te das cuenta del poder que tiene la prensa, de su capacidad de influenciar a la sociedad, de su larga mano con ideosincracia marcada por aquellos que tienen intereses en, por ejemplo, el petroleo. Nosotros, a lo único que nos hemos ceñido de momento es a conocer a sus gentes, su cultura y su patrimonio histórico que, como abanderada de la antigua Persia, es mucho y muy rico. Cierto es que no es fácil convivir con tanta contradicción… la mujer… la gran ausente en el desarrollo social pero, cabe destacar, con un papel importantísimo en un futuro no muy lejano (esperemos).

Tenemos que diferenciar claramente entre las dos Iranes. La oficial, regida por un nuevo presidente continuísta (aunque no lo parezca) e islámico, duro, de la rama del ya fallecido Ayatollah Jomeini y querido por aquellos que están insertados y cómodos con el sistema actual; y la social… una sociedad con ganas de cambio, con ganas de evolucionar a una mentalidad más abierta, hartos de tanto control. Evolucionar, creemos y sentimos nosotros, se trata de separar la política de un país inmerso en una inflación devastadora y con una baja renta per cápita, de la religión islámica. Sí, en Irán gobierno y religión van de la mano… y extrañamente… una pareja no puede hacer esto mismo en la calle a la vista de cualquiera por muchos que sean sus deseos. Todo lo “normal” para nosotros se hace a escondidas, en secreto, aunque sea un secreto a voces es mejor que no te vean para no enfrentarte a la ley islámica. Lo curioso de todo esto es que, antes de la revolución dirigida por Jomeini en 1979, Irán era supuestamente un paraíso de libertades (según nos dicen sus gentes) que con el paso del tiempo se están conviertiendo, actualmente, en la voz del cambio. Un cambio lentísimo…

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De todas formas, como dato curioso, en este país puedes conseguir de todo… alcohol, hachís, opio y cualquier otra sustancia ilegal que se te pueda pasar por la cabeza. Hemos sido ofrecidos varias veces… muchas veces… y, como no, hay que ser prudente, cauto, y rechazar todo aquello que te pueda meter en un problema… incluida una cerveza… aunque joda.

Tras despedirnos el día 6 de Mayo de nuestros compañeros cicloviajeros, salimos el día 7 a cruzar la frontera que nos iba a llevar a este nuevo mundo, diferente mundo. Podemos decir que ha sido la primera frontera “sería”.. Estuvimos cerca de dos horas esperando a que abrieran la puerta de entrada a Persia entre los turcos que buscan gasolina barata y los “buscavidas” que intentan sacar la diferencia de lo que te puedan colar al cambiar divisa turca por iraní. El ambiente en las fronteras es frío, y nosotros relajados, pudimos disfrutar de los primeros síntomas de la amabilidad iraní. Todos te sonríen, te preguntan de dónde vienes y, cuando respondes después de alguna que otra explicación… si eres del Madrid o del Barça. Nosotros siempre decimos que somos del Osasuna😀

Una vez cruzada la frontera era hora de empezar a saborear el país y, para empezar, comida. La comida es deliciosa, diferente a la turca, más auténtica… sobre todo la de casa. Hasta el çai se toma de otra manera… agarrando el azucarillo con los dientes para endulzar los pequeños sorbos.

Nuestros estómagos han agradecido el cambio, y nuestras rejuvenecidas miradas ávidas de nuevos estímulos se han encontrado con un nuevo entorno ya a pocos km de cruzar la frontera Turco-Iraní. Las praderas y los pastos quedan atrás a medida que nos alejamos del imponente Ararat. El monte que nos marcó el camino durante la última semana de viaje en Turquía ahora se va perdiendo a nuestras espaldas. Varias miradas hacia atrás, y ya en la lejanía, cierran en nuestra mente un archivo para el recuerdo. Pero tan rápido como nuestras miradas retoman al frente, una página en blanco se abre y comienza de nuevo a almacenar.

Nos hemos encontrado con un entorno más árido, pero con un encanto y frescor únicos. Días brumosos que camuflan en el horizonte diferentes capas y sombras montañosas sin apenas vegetación. Las aguas de lluvia que se filtran en estas tierras y que se acumulan en el subsuelo, renacen en los valles o son extraídas manualmente y nos ofrecen un paisaje sorprendentemente fértil y húmedo donde crecen unas sandías y unos melones increíbles. En las zonas donde no llegan estas aguas el ambiente es más seco y desértico, y nos hace pensar en lo que nos tocará pasar en Junio y Julio en tierras Turkmenas y Uzbekas. Por un momento creímos que de un momento a otro aparecerían el coyote y el correcaminos.

Esta “aridez” nos ha acompañado hasta Marand, donde fuimos asaltados por Akbar, uno de los tantos personajes de la comunidad warmshowers que están tremendamente organizados por todo el país esperando algún cicloturista que pueda contarles sus aventurillas del camino. En esta zona del país y, hasta prácticamente Teherán, se habla turco… y les resulta gracioso escucharnos decir alguna que otra palabreja que hemos aprendido por el camino (casi siempre relacionada con la comida).

De Marand a Tabriz (primer gran destino en Irán) el pedaleo ha seguido siendo un goce y un disfrute para la vista. El valle que nos llevó a Tabriz nos acogió con su belleza, mostrándonos montañas nevadas a los lejos y un verde que todavía no habíamos visto. Las tormentas se sucedían al atardecer haciendo que todo cobrara sentido. Hemos llegado en época de lluvias… tormentas que, si no buscas cobijo rápidamente, te dejan bien duchadito para el resto del día. De todas formas el clima ha sido benévolo con nosotros, la noche no azota tanto como en Turquía y no hemos tenido que tirar de clínex.

 

Ya en Tabriz, acabamos descansando un par de días en un camping municipal organizado por “la comunidad” y nos reencontramos con la vieja guardia: Axel, Romain, Bruno y Tom. Hace días que habíamos cogido diferentes tiempos y rutas, pero el camino nos vuelve a juntar, y de ello nos aprovechamos, otra vez risas, cenita y backgammon.

Tabriz es una ciudad bastante grande, con ciertos puntos de interés y un bazar enorme. Nos levantamos temprano para visitar los largísimos túneles y pasillos del mercadillo donde puedes encontrar absolutamente de todo… pero lo que más nos gustó fue el delicioso desayuno que nos metimos entre pecho y espalda en un lugar que, viendo lo que nos rodeaba, no había sufrido cambios en los últimos “trentaitantos” años. Un garito de los nuestros, krusty. Una pasta hecha a base de miel y queso, acompañada de la leche más deliciosa que hemos probado en el camino. Leche hervida con su nata, con su sabor intenso, con esa capa de grasilla que deja en la boca tras el sorbo. Y el pan… que hasta este momento nos había decepcionado… otro regalo. Riquísimo. El hombre que servía los desayunos emanaba Irán, Irán de verdad, con su sombrero y dificultades para moverse entre las mesas, pero con una habilidad espectacular de no derramar una sola gota de ese delicioso oro blanco.

Tabriz quedo atrás y la siguiente parada obligada era Soltaniyeh, con el mausoleo de Il-Khan Öljeitü y su cúpula azul como principal atractivo, un azul cielo que, al parecer, les hace estar más cerca de Dios. Cabe destacar que Irán nos lo esperábamos bastante más religioso de lo que realmente es. Las mezquitas no gritan tanto, no te despiertan a las 5 de la mañana, no son como en Turquía. La gente no nos pregunta tanto sobre nuestra tendencia religiosa y, en definitiva, no se ve a nadie rezando ni nada por el estilo… al menos aquí en el noroeste. Creemos sinceramente que la sociedad turca es más religiosa, sin embargo, el gobierno iraní tiene más control y poder en este sentido como hemos mencionado anteriormente.

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Irán no ha estado exento de invitaciones a almorzar, a dormir o a, simplemente, compartir un çai o kalam (shisha). Hasta llegar a Teherán hemos caído en mezquitas (gran recurso), parques al estilo iraní con pequeños recovecos cubiertos para poder estar tranquilos y de charleta, o garitos a pie de carretera. Les encanta ir de picnic, de hecho, cualquier trozo de verde bonito o feo, sucio o limpio, en plena naturaleza o caos del tráfico, es un argumento suficiente para plantar el mantel y pasar la tarde entre çais y buenos alimentos. Son gente realmente curiosa y muy sociable, encantadores.

Así hasta llegar a Teherán, en un trayecto en el que el entorno y el paisaje se han ido camuflando por la condensación de tráfico que ha ido creciendo a medida que nos acercábamos a la capital Iraní. Mención especial a la innumerable flota de camiones que recorren estas carreteras en ambas direcciones. Grandes y antiguos camiones que en ciertas ocasiones, y sin arcen por el que circular, nos han hecho mantener una agotadora concentración en el asfalto.

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Y así os presentamos a Alí, de momento el personaje estrella de está estancia de 14 días en Irán. Un contacto de los bizikleteros Ruben y Aurora (http://viajenbici.blogspot.com/)… Mila esker!!! Aquí estamos en su casa, un apartamento estilo americano que renta en el barrio de Ghisa de la crazy Teherán. Este tipo grande literal e intrínsicamente, atípico, tiene una empresa de tours por Irán y, en algunos casos, por el mundo (www.arian-tour.com). No es tan intenso como el resto, nos deja a nuestro rollo con nuestra habitación, espacio y necesidades de desconectar, muchas veces, de la locura que supone intentar relajarte con la que tenemos encima. El campamento base donde poder enfrentarnos a los entresijos de los visados, trámites necesarios para continuar el viaje, trámites que te quitan tiempo (mucho), dinero y, sobre todo, energía. De todas formas va bastante bien. El de Uzbekistán está en camino😀

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Aquí en Teherán intentamos movernos de la forma más eficiente posible… que no es poco. Nos suele gustar ir en moto. Normalmente, con el simple hecho de levantar la mano cualquiera para y, por un precio razonable, nos lleva allá donde necesitamos (a los dos a la vez claro!). Lo bueno del tráfico de Teherán es que, con moto o coche, puedes ir en dirección contraria por cualquier calle, sin casco, tres en una moto, saltarte los semáforos, etc… y todo aunque la apática policía este mirando. Hay tantas infracciones que no merece la pena ni planteárselas. Tenemos que decir también que vemos prácticamente imposible tener un accidente. Es sorprendente, realmente increíble la habilidad que ha desarrollado esta sociedad para “zigzagear”, esquivar, predecir e incluso reaccionar a una velocidad vertiginosa. Nos sentimos tan seguros que ya ni nos inmutamos, de verdad.

Así están las cosas de momento por este país que tanto deseábamos visitar, que tanta historia tiene, que tanto nos queda por conocer… Todavía no sabemos si iremos mañana a subir nuestro primer 5.000 (Damavand), si bajaremos a Esfahan o Shiraz, o si iremos al mar Caspio a ver su pequeña inmensidad. Hay una cosa clara… os lo contaremos!!!

Sentimos haber estado tanto tiempo bajo la larga sombra digital del gobierno… es complicado. Este país a veces tiene sus cosillas… esperemos poder seguir contando las anécdotas del camino.

Nuestra tienda de campaña es nuestra casa… y el jardín… el mundo😀

 Izan huntsa!

ESKERRIKASKO XABIER

 

ESKERRIKASKO XABIER

Xabi,

Mila esker… el otro día por alguna razón cuando estaba sumergido en el profundo sueño bajaste a visitarme. Subimos a tu habitación como hemos hecho tantas veces y charlamos… Eras tan real que no me podía imaginar que estaba dormido… tenías las misma mirada… te reías igual… fumabas como casi siempre… incluso le dijiste a la ama que nos hiciera la cena. En ese sueño… sentado en la parte izquierda de tu cama como lo solía hacer, vi pasar los buenos momentos que pasamos juntos… incluso cuando las cosas no iban tan bien. Me pregunto… ¿Por qué ahora? Tienes razón… tengo que escribirte… de hecho… me lo has pedido… y por fin, tranquilo en el salón de Ali, aquí… en Teherán… te dirijo estás palabras.

Me comentaste que te contara más cosas, que te escribiera, que te dijera como me siento. Estoy bien. Quizá no todo lo centrado que debería estar… emocionalmente tengo muchos “ups and downs”… tú lo sabes porque me ves todos los días desde ahí arriba. Sabes que te tengo que contar algo importante… lo sabes… siempre me “calas”. Las dudas y el miedo de desconectar… está claro… ves pasar un tren… tu tren… no sabes si deberías subir. Este no es el mejor lugar para hablar de esto… ¿Por qué no vienes otro día? ¿Por qué no quedamos? Podría hacer lo que solía… pillar unas “potorradas” (que es como te gustaba llamar a la comida basura) y subir a visitarte… en fin… eso es complicado…

Faltan zaitut…

Te voy a contar un secreto… sólo lo sabemos tres personas… entre ellas Eider… se lo he contado esta tarde… sí… he hablado con ella😀 Me imagino que ya sabrás que vas a ser tío!!! Zorionak Xabier!!! Qué ganas tenías eh!? Benetan zorionak. A lo que iba… El camino y las horas sobre la bicicleta te dan mucho tiempo para pensar y reflexionar, mucho. He pensado muchísimas horas en ti porque, como bien sabes, eres o eras (ya no se ni como ponerlo) muy importante para mi. No es fácil perder a alguien como tú… No es fácil perder un amigo… No es fácil ver luchar tanto a alguien y… bueno… eso. Te llevo dentro eh? Que lo sepas. Sin más… te sigo llorando… y antes no lloraba… parece una tontería pero me ayudas a soltar lastre. Afortunadamente llevo las gafas de sol que me esconden cuando esto ocurre pero… de verdad Xabier… me has y estás ayudando mucho… en cada pedalada como ya te comenté, en cada lágrima… Mila esker.

¿Sabes? Me has cambiado… Me has hecho mejor persona… me has enseñado muchísimas cosas Xabier y, entre ellas la más importante, quiero disfrutar de la vida. Tenías razón… estamos aquí para ser felices y, ahora que podemos, tenemos que hacer todo aquello que se nos pase por la cabeza (por mucha locura que suponga) para conseguir lo que nos propogamos. Hay veces que tengo miedo, miedo a que ese tren descarrile. Pero hay que ser valiente Xabier, también me lo enseñaste… joer que si me lo enseñaste… no he visto persona más valiente que tú. Te lo prometo…zin dagizut… voy a ser valiente y llegar hasta donde tenga que llegar… no sólo en el viaje sino en lo que me proponga.

Eider me lo ha dicho… El día 7 de Junio es una fecha especial para ti, para tu familia y amigos… yo no voy a estar físicamente… seguramente estaré cerca de la frontera con Turkmenistán… pero que sepas que, por muy lejos que esté… estaré. Vais a ir al Gorbea… te van a dejar allí… al final no hemos podido subir juntos como habíamos hablado… pero sabes que de una u otra manera estaré allí contigo, tu familia y la cuadrilla. Disfrutar del día mesedez… soltar los últimos reductos de lastre que llevamos todos y adelante… sin vergüenzas y sin dudas… y sobre todo… cuidar de la ama… de Maite… que es una mujer maravillosa… benetan.

Te prometo escribirte más veces… no voy a dejar pasar tanto tiempo… Mila esker zure bisitagatik Xabier… etorri zaitez nahi duzunean… itxaroten izango nauzu.

Pronto te contaré más cosas vale?

Maite zaitut,

Bilintx

 

TURQUÍA: EPISODIO FINAL

 

TURQUÍA: EPISODIO FINAL.

Turquía nos ha puesto de nuevo las ruedas en el asfalto y nos a vuelto a hipnotizar. Con el visado en el bolsillo y una carretera que nos llevaba flotando desde hacia varios días, era inevitable dejarse llevar. Pero todo el trayecto que nos ha llevado hacia el sur desde Hopa (en la costa del Mar negro) hasta Doguyabazit (última ciudad Turca antes de la frontera con Irán) nos ha regalado una gran semana sobre nuetras bicis, con nuevos y cambiantes paisajes, el primer 2.000 del viaje (2.470 para ser exactos) y más amigos biciviajeros con los que hemos disfrutado rodando y compartiendo veladas alrededor del fuego.

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La costa norte de Turquía nos siguió ofreciendo un verde intenso, que fué cambiando de tonalidad a medida que avanzábamos hacia el este y los avellanos daban paso a las pequeñas plantaciones de té.

Dejar la carretera que bordea la costa norte de Turquía fué todo un placer, por muy bonito que sea el paisaje que tienes alrededor, nos gustan las carreteras rurales, aunque eso suponga, como nos dicen aquí – “yok, yok, çok rampa!”-.

Y efectivamente, mucha rampa es lo que nos deparó nuestra nueva carretera por la Anatolya oriental. La verdad es que a estas alturas de viaje vamos bastante finos y “disfrutamos” de estas carreteras rurales rampa arriba y rampa abajo, más aún cuando, según pasan los kilómetros, la oreografía, el clima, la vegetación y las poblaciones siguen cambiando a nuestro alrededor. En dos días pasamos de estar al nivel del mar en la húmeda y frondosa “costa negra”, a atravesar infinitos cañones de combulsas y fieras aguas, para llegar a rodar en torno a los 2.000 m. durante varios días, rodeados de inmensas praderas donde los caballos y vacas pastaban a sus anchas, entre los pequeños riachuelos serpenteantes que bajan desde las cumbres nevadas.

En estos días en los que Doguyabazit era la X en el mapa, hemos pasado dos de las jornadas más exigentes de este viaje, hasta el momento. La primera de ellas fué la ascensión al Cam Gecidi (2.470m), que nos llevó toda una larga mañana con porcentajes que rondaban continuamente el 10% de desnivel. Impresiona dejar atrás la vegetación y sentir el frío en las alturas mientras observas donde te encuentras. Te sientes insignificante, indefenso, mientras una gran energía recorre tu cuerpo y te lleva hasta la cima. El subidón es único, y aún llegaremos más alto! -çok rampa!-.

Al día siguiente a la ascensión, y con la moral por las nubes, nos lanzamos hacia Kars atravesando un altiplano a 2.000 m de altura. Pero topamos de bruces con uno de nuestros peores enemigos, el viento, por supuesto en contra, que nos acompañó durante 80 largos km. Un día en la fábrica de viento de Turquía.

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Por fortuna, la hospitalidad Turca no nos ha avandonado esta última semana en Turquía y nos ha echado una mano cuando más lo necesitábamos. Hemos tenido un techo bajo el que dormir cuando una gran tormenta acompañada de grandes ráfagas de viento asaltó nuestra última noche en la costa, de miedo. Y los pastores Kurdos que cuidan los rebaños de vacas en los grandes pastos, nos han ofrecido çay y comida cuando más nos azotaba el viento en la moral, al refugio de pequeños muretes de piedras donde se resguardan de un viento que te rezumba en los oídos sin descanso, de locos.

Estos días en las alturas nos han regalado, además, la compañía de cuatro nuevos amigos cicloviajeros: Tom(Bélgica) , Romain, Axel y Bruno (Francia). El camino hizo que nos juntasemos todos visitando las ruinas de la ciudad de Ani.

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Tom viaja “solo” desde hace dos años y más o menos seguirá una ruta parecida a la nuestra que le llevará hasta Nepal. Con él hemos disfrutado de los primeros fuegos nocturnos bajo las estrellas. Siempre que puede, prepara un fuego para cocinar y calentarse. Una guitarra y una derbuca amenizan las noches.

Axel también viaja sólo, oriente es su dirección, pero su ruta se irá marcando con el paso de los kilómetros (sanslesroulettes.wordpress.com). Siempre está sonriente y nos ha afianzado en algunas rutinas diarias de el cicloviajero que, muchas veces, por cansancio o por olvido, se dejan pasar o no se les presta el tiempo necesario, y por tiempo no va a ser. La relajación y los estiramientos, tanto a la mañana como a la noche, te dan un plus físico y psíquico necesario durante tantos días sobre la bici. Y aunque no siempre dispongas de las mejores condiciones, o el agua suficiente para limpiarte del polvo y sudor de cada jornada, la higiene es un punto muy importante, y “la ducha del gato” siempre es posible. (para más información al respecto, estaremos encantados de contestar vuestras dudas a través de facebook: bizing)😄

Axel tiene desde hace dos días la compañía de un amigo de la infancia, Bruno, que ha venido desde París en tren hasta Kars, se a comprado una MTB vieja por 180 tl (60 €), ha puesto una cesta de frutas sobre la parrila trasera y encima a colocado su mochilón atado con unos pulpos, y le va a acompañar en su viaje por Irán, ídolo. (www.bruno-meignien.fr).

Por último, y no menos especial, Romain. Su viaje le llevará un año y medio, aprendiendo de la agricultura local por cada uno de los países por los que pase. Viaja y trabaja como voluntario en diferentes granjas del camino para, en un futuro, poner en práctica todo lo aprendido y tener su propia granja que le autoabastezca a él y a su entorno (www.lecycledeaterre.com). Un gran tipo, en todos los sentidos.

Hemos formado un bonito grupo y juntos veremos por primera vez la perfecta silueta nevada del Ararat (5.137m)en el horizonte. Disfrutaremos y compartiremos tres días de pedaleo juntos, siempre con la inmensa mole en la lejanía, hasta acampar a sus pies. Las jornadas de pedaleo en común darán paso a increíbles atardeceres de introspección, y “largas” noches de coloquio alrededor de la hoguera.

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Doguyabazit se convierte en un campo base donde hacer los últimos preparativos antes del“asalto” a Irán. La página www.warmshowers.com nos pondrá en contacto con una persona que nos hospedará a todos dos o tres días. Ducha caliente, limpiar bien toda la ropa, cambios de dinero, reponer fuerzas, escribir, unas partidas al backgammon…….y un par de cervecitas o tres, para reponer minerales claro.

Ahora si, Irán nos espera.

Turquía queda atrás.

Tesekkur ederem Turquía y hasta la próxima.

Insallah.

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TURQUÍA… EPISODIO SEGUNDO

 

TURQUÍA, EPISODIO II, LA HOSPITALIDAD CONTRAATACA

Llevamos 25 días en Turquía y empezamos a conocer sus gentes, su lengua, sus costumbres, sus gestos, su comida, su país. Nos hemos visto envueltos en situaciones y pasajes que, a ojos de buen entendedor, nos siguen dejando boquiabiertos. Prueba de ello es que, en estas semanas, tenemos infinidad de vivencias que contar a nuestros familiares y amigos. Empezamos a tener un modus operandi ya más marcado. Se podría decir que ya estamos en dinámica de viaje, que nuestro día a día es rutinario a la par que emocionante. Emocionante por la gente, los paisajes, por todo lo que un país desconocido y diferente te puede ofrecer. Es cierto que nosotros creamos nuestra realidad, que la creamos con nuestra mente, pero también nos están ayudando… y mucho.

Aún nos quedan kilómetros de experiencias por vivir junto a un pueblo que desborda una pasión más intensa que el rojo sobre el que se posa la luna y la estrella de su bandera. Pero ya en nuestro interior, y desde que el mar negro nos acompaña en nuestra ruta, comienza a florecer un sentimiento. Un sentimiento de agradecimiento y despedida ante la “inminente” llegada a tierras iraníes.

Hace varios días que el Mar Negro apareció ante nuestros ojos, envuelto en una espesa y fría bruma, despertándonos implacablemente del sueño en el que nos había sumergido nuestra última semana de viaje. Desde que salimos de Konya el paisaje ha ido metamorfoseándose a nuestro alrededor, así como su clima, llegando a su clímax en la increíble y sorprendente Capadocia, y manteníéndonos en el limbo durante todo el trayecto que nos llevó hasta las calmadas aguas de el Mar Negro. Tranquilamente, sin apenas notarlo, estamos en el norte de Turquía. Cuando ves la línea marcada sobre el mapa, entonces, es cuando te das cuenta de lo que estás haciendo, de la gente que has conocido y que, poco a poco, vas dejando atrás inminentemente. Los kilómetros pasan, pasan muy rápido, no os imagináis cuanto… ya son casi 2.000 en Turquía.

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Realmente la zona norte en la que hemos rodado estos últimos días nos ha sorprendido por su abruptuosidad y su desbordante verdor. El verdor lo han podido disfrutar nuestros ojos, pero de lo primero nuestras piernas han sufrido lo suyo, tela! El norte es duro, montañoso, parecido a la tierra de donde venimos. Tiene un verde que se ha ido cultivando con siglos y siglos de lluvia, y una vegetación conocida a nuestros ojos, un verde… verde.

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Los consejos de toda la gente a la que hemos preguntado, y nuestra final decisión, nos llevan enfilados hacia Irán, flanqueados por dos mares: el ya mencionado Mar Negro, a nuestra izquierda, y un mar verde de avellanos que cubre todos los montes a nuestra derecha. La carretera es buena para rodar, los kilómetros pasan sin querer, y en nuestras retinas se suceden momentos, gentes, miradas, sonrisas… como siempre.

Pero en este trayecto en el que ya pensábamos en otro país, quizá porque nos hemos acomodado a la vida viajera turca, han aparecido Martin y Dania, una pareja de cicloturistas suizos que vimos pasar cuando descansábamos en la orilla de la calzada tomando un delicioso Ayran. Fuimos a su caza y, como un soplo de aire fresco, hemos compartido con ellos estos dos últimos días de pedaleo hasta Trabzon. Siempre viene bien poder hablar de las experiencias vividas y por vivir con otros cicloviajeros (www.shazeyshaze.ch), así como cambiar una dinámica rutinaria que, poco a poco, te lleva a pensar en el siguiente país. Martin y Dania comenzaron su viaje a primeros de Febrero y, exceptuando algún que otro lugar extra y tiempos, seguimos prácticamente la misma ruta. No son los suizos prototípicos de anuncio… son alegres, divertidos y, por propia decisión, se han amoldado a nuestra forma de viajar a lo krusty. Ambos son ingenieros mecánicos, cansados de trabajar tanto en una alargada juventud de la sociedad moderna. Se han tomado un año sabático para poder cumplir un sueño que compartimos: ver el mundo despacito, ser algo más que una foto típica con la gente del lugar y, muchas veces, transformarse y mimetizarse con el país que estás visitando. Ha sido agradable también repartir el trabajo de todo el papeleo del visado iraní que, pensando en los dolores de cabeza que podía suponer, ha supuesto un simple trámite que nos ha llevado apenas 3 horas.

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Cuando tramitas un visado de este calado siempre tienes la sensación de que te falta algo, de que el viento esta en contra, de que cualquier fallo te puede tirar de la bici y rasgar las vestiduras. En este caso, no. El visado iraní en Trabzon está… como decirlo… tirado, regalado… como viajar en Turquía después de ya casi un mes. Hemos ido con todo tipo de papeles y fotocopias: pasaporte, seguro de viaje, certificado de solvencia, tres fotos de carnet, la aplicación… el estrés previo a un trámite al que no estás acostumbrado sin la ayuda de una agencia. Finalmente nos hemos encontrado una cola de unos 12 viajeros (4 de ellos en bici), todos buscando el mismo objetivo, conseguir flanquear una frontera que no debería de existir. Y qué nos han pedido? Nada… absolutamente nada. De hecho, el único que no ha podido tramitar la visa en esas escasas horas ha sido un Taiwanés que, casualmente, había hecho los deberes de antemano, es decir, pedir el dichoso código a una agencia que te sopla 80€ por no hacer nada y escribir miles de E-Mails para confirmar datos que nunca comprueban. Cosas de la vida, le va a costar dos días extra (pobre). Podemos confirmar que Trabzon sigue, y seguirá siendo, el lugar más rápido y fácil del mundo para tramitar el visado de Irán.

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Cierto es que tenemos la cabeza en mil sitios, pero la mirada va fija a Irán. Un país sin Cola-Cola, sin McDonalds, sin Levis… sin ningún tipo de marca ni símbolo Norteamericano. Nos preguntamos muchas veces cómo será vivir sin esos mensajes y, el simple hecho de imaginárnoslo, nos llena de una profunda alegría.

Todavía nos quedan días en Turquía. Estamos por decidir si bajar, rodando suavemente tras 4 días de descanso en Trabzon, hacia el Kurdistán Turco o, como Martin y Dania, acercarnos a tierras georgianas a conocer su fusionada comida euroasiática y vino. Todavía nos quedan tres días en Trabzon para decidir con la cabeza más calmada y las piernas más descansadas. Probablemente pedaleemos en Turquía otros 15 días, para dar un colofón final a un país que, después de tanta y tanta lectura, nos ha dado más de lo que le hemos pedido.

 

TURQUÍA… EPISODIO PRIMERO

TURQUÍA… EPISODIO PRIMERO…

 

Turquía es como describen los blogs y libros de cicloturismo… una auténtica muestra de hospitalidad, algo al que el occidental no está acostumbrado… por cómo somos, como nos relacionamos, el poco tiempo que dedicamos a los demás. Lo que para un turco es parte de su cultura, para la sociedad occidental es, simplemente, una muestra de caridad para sentirse mejor. Es muy difícil de comprender cuando llevas las gafas incorrectas… cada vez estamos más convencidos de que algo está mal… y no precisamente aquí. Desde que llegamos al país rojo de la media luna todo es hospitalidad, sonrisas, ayuda… probablemente estas palabras no puedan describir lo que este país nos está dando.

 

Como siempre, llegamos en ferry un tanto aturdidos, habíamos dormido poco y había que pedalear. Llegamos a la región de Izmir, probablemente la más europea de Turquía. Cabe destacar que en las pasadas elecciones (las cuales vivimos en carnes) fue la única región en la que el partido conservador de Erdogan no consiguió la victoria. Se sentía en el ambiente… era casi Grecia, con ciertos toques musulmanes que se distinguían del viejo continente.

 

Una vez llegados a Izmir capital, comenzó la gran relación de hospitalidad y enseñanza personal de los turcos. Buscando algo de comida fuimos asaltados por un antiguo militar que, en estos días y tras vivir 40 años en Canadá, se dedica a dar clases de inglés. Nos invitó a un pequeño aperitivo mientras charlábamos con sus estudiantes sobre el viaje que estábamos realizando. Eran la mayoría bastante abiertos, de tendencia “antierdoganista”… mujeres sin velo, guapas e insinuantes con labios rojos, aunque preferimos las vascas :-P… Compartimos gran parte de la mañana con ellos y, como no, fuimos invitados a dormir a casa de Samit, que vivía en un piso con otros tres chicos, cada uno de una parte del mundo… Afganistán, África Central y Ghana. La noche paso entre risas, partidas a la play y charleta sobre la religión musulmana. Interesantísimo!! Aprender de ellos ha sido una gran experiencia. Al día siguiente dimos una charla en la clase de inglés. Muy bien, muy bonito.

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Todavía esperando los diccionarios que la familia de Mikel nos había mandado, tuvimos que hacer otra noche en Izmir… empezaba la película… atrapados en Izmir… pero como siempre, no hay mal que por bien no venga. Vagabundeando por la noche conocimos a Ikbal, un cicloturista turco que, aparte de abrirnos su casa durante dos días, nos presento a otro gran personaje del camino, Goku. Pasamos dos días de turismo y buena compañía y, después de tanto pajareo, nos acompañaron la primera etapa para salir de Izmir… buena gente. Pedalearon con nosotros 80 km y, tras buscarnos un buen sitio para acampar, se fueron otros 80 km de vuelta… Mila esker!!! Ya tienen amigos y casa en Euskadi! 

 

Todo el trayecto que nos ha llevado desde Izmir hasta Konya ha sido una continua demostración de amabilidad y hospitalidad, hasta el punto de sentirnos totalmente superados. A medida que nos dirigimos al este de Turquía nos vamos convirtiendo, cada vez más, en un foco de atención para todo aquel que nos ve pasar con nuestras alforjas a cuestas. Compartir un té a pie de carretera se ha convertido en algo cotidiano, y raro es el día que alguien no nos ofrece algo de comer o cenar.

 

También salimos de la carretera principal para ver las zonas rurales, la Turquía que nuestros ojos querían ver. Ha sido un acierto… eso si… no exento de puertos con desniveles de entre 8-14%… subimos de 150 a 1050 metros en 10 kilómetros… realmente los más duro que hemos hecho hasta el momento. De todas formas, las miradas de esa gente de campo merecieron la pena… Teşekkür ederim !!! Anyway… hemos vuelto a la carretera principal en busca de los pensamientos que te da rodar y rodar.

 

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Desde Konya nos dirigimos a la capadocia… con ganas de ver esas formaciones rocosas de las que tantas fotos hemos visto y… tantas veces hemos oído hablar sorprendidos. El camino seguirá dándonos… Turquía seguirá tratándonos bien… eso seguro! Nos gusta su gente!!!

 

Hurrengorarte!!!